Celebrar el idioma cantando

Día del idioma 2020

¿Qué es eso que le da vida a un puñado de palabras que perfectamente unidas y acompañadas de sonidos armónicos, atraviesan fronteras viajando contra el viento para aterrizar en oídos y corazones profundos?

Son las canciones. Hechas con las manos o con las uñas. Con la incertidumbre del futuro o con el porvenir asegurado. Escritas en la soledad de la montaña o en el ruido de la calle. Himnos de vida.

Por otro lado, está la lengua. Esa que nos hace humanos en tanto nos permite comunicarnos con otros. Para mí, más aún nos hace humanos porque con ella podemos construir mundos, vivir en ellos, llenarlos con nuestra esencia e invitar a otros a pasar un rato allí con el ánimo de que los sientan un poco suyos.

Esta es la magia que tienen las palabras condensadas en canciones. Para mí, cada canción es un mundo donde el autor construye una casa, incluye cosas que le conmueven, la pinta con los colores de su alma y luego abre la puerta para que entren los que quieran. Es un ejercicio arriesgado y a la vez fascinante tanto para el que escribe, compone y canta como para el que escucha.

Pala - Colombianito

Es un acercarse, meterse en el otro, conocer su vida: lo que le duele, molesta, encanta, desmorona o erotiza. Así, con la mejor o la peor de las suertes, el que escucha encuentra identidad y se queda en la canción, negándose a salir por días o quizá décadas.

Personalmente, he entrado en muchos mundos en los últimos años, saliendo rápido de algunos y quedándome en otros. Pero en unos siento que ya tengo un lugar propio, estoy echando raíces en esas canciones que canto una y otra y otra vez, reconstruyendo la historia de cada canción conmigo como protagonista.

‘Y desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis sueños va, ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje.’

Peces de ciudad – Joaquín Sabina

Siento que voy, así como en la canción de Sabina, ligera de equipaje por la vida, desafiando el oleaje sin más ayuda que mi esencia, que en ocasiones se desvanece tan fácil en medio de este gran océano de incertidumbres. Y así, con muchas más canciones que siento tan indescriptiblemente mías.

Casi todas en español, muchas de ellas hablan desde el cuarto oscuro y húmedo de la nostalgia y llegan a mí como un eco que me recuerda aquello que realmente me conmueve. Aparecen cuando estoy distraída e intentan, a veces con éxito, enfocarme en lo importante

‘La guerra es muy mala escuela
no importa el disfraz que viste,
perdonen que no me aliste
bajo ninguna bandera,
vale más cualquier quimera
que un trozo de tela triste.’

Milonga del moro judío – Jorge Drexler

Si bien las canciones que me conmueven hablan desde la nostalgia, esta tiene muchas formas y muta cada vez que el reproductor de música me avisa que comienza otra canción. Pero esa nostalgia viene también desde mi afinidad con el idioma y la importancia que algunas palabras tienen en mi vida; una vez descubro una canción que me acerca a alguna de esas palabras no me separo de ella, quiero vivirla hasta la saciedad porque siento que está contando una parte de mí.

Las quimeras son animales fantásticos, mounstros imaginarios multiformes que escupen fuego… Pero, además, una quimera es aquello que se propone a la imaginación como posible, aun sabiendo que no lo es.

Una Quimera (Jacopo Ligozzi / Public domain)

‘Quimera de palabras’ fue el nombre de mi primer blog, uno en el que quería publicar cuentos y otras cosas que eventualmente algunas personas muy importantes en mi vida leyeron. Desde que descubrí esa palabra, hace parte tan importante de mí que simplemente hizo clic y saltaron chispas cuando Jorge Drexler canta ‘Vale más cualquier quimera que un trozo de tela triste’ y ahí, con todo el peso político, social y humano que tiene la canción, esta frase me atrapó en su mundo y me ha llevado a buscar más quimeras en las palabras que amo.

El reproductor de música avisa el inicio de la próxima canción que me trae hasta Colombia en un viaje de palabras que inició en España y pasó por Uruguay, sin más fin que seguirme enamorando de esta lengua que, aunque originalmente ajena, siglo a siglo en cada geografía de este continente la hemos hecho nuestra, inyectándole sabores, aromas, sonidos y significados que la enriquecen cada día más.

Marta Gómez - Este instante

Riqueza que muchos cantautores en mi país se han encargado de incorporar en sus canciones, como un modo de rebelarse a las reglas establecidas por la oficialidad española, creando piezas que utilizan modos de ver y narrar el mundo que no surgieron en la academia encopetada y rígida, sino en nuestras calles, barrios y plazas con el uso diario: palabras mezcladas y adaptadas a otros significados. El argot popular que celebra esta lengua tan viva y mutante. Lengua que renace en germanías como el parlache, originada y desarrollada en los sectores populares de Medellín, bellamente adoptada por la pluma y la guitarra de Pala, para contar sus sentires:

‘Me da caspaso violento
raqueteo al corazón
y yo que le como cuento
porque soy buen elemento,
ni torcido ni faltón.
Hágame un cruce parcera
encaléteme en su tren
que llorar es muy bandera
y yo parce la quiero a lo bien.’

A lo bien – Pala

Las canciones también sirven para crear identidad, en mi caso no con el lugar de donde vengo sino con las características de las personas que habitan este lugar… Los colores, los tejidos, el acento, los sonidos, el viento, las palabras. Por ello, cuando comencé a escuchar a cantautores colombianos como Ana y Jaime, Marta Gómez, Pala o Alejo García, nació en mí un amor incondicional por mi país: su folclor, su historia y su tradición. No porque ellos hablen bonito sobre Colombia, sino porque desde el mismo territorio que habito, me cantan al oído las cosas que llevo muy dentro y que como ellos nadie nunca podrá cantarlas.

‘Vengo de un lugar,
de una región que está embrujada
por lo indios que se niegan
a alejarse de su raza.
Llevo 20 años aprendiendo a valorarla
y en los tiempos de mi infancia
parecía tener más magia.’

Confesión – Marta Gómez

Palabras que despiertan el corazón y la consciencia. Palabras que danzan al ritmo que les pone el cantor y que no necesitan emocionar a grandes masas o sonar en todas las emisoras para cumplir su misión, pues llegan exactamente a los oídos correctos: aquellos inconformes con lo canónico, quebrados de monotonía, lastimados de realidad, dolientes de la historia de este territorio, que parece obligado a repetirla sin tregua.

‘Si a la patria le cantara
Si a la patria le cantara
Y le dijiera la verdad.
Se rajó, rajó la leña
Y le dijiera la verdad.
Todo lo que vive olvida,
Todo lo que vive olvida
Y jijuelita ay qué pesar
Se rajó, rajó la leña
Y jijuelita ay qué pesar.’

Se rajó la leña – Alejo García

Hoy quiero celebrar el día del idioma escuchando mis canciones favoritas y a la vez pensar en lo lindo que suenan las palabras avivadas por el fuego de una guitarra o una tambora; porque la belleza de mi idioma está en su constante movimiento, en su diversidad, su sonoridad, en las personas que lo usan a diario. Mi idioma se deja cantar, bailar y gozar como ningún otro. Por eso estas palabras tienen el ánimo de convertirse en un homenaje para todos los que sentimos que la historia de nuestra vida está escrita y cantada en español.

Compartir

2 comentarios en “Celebrar el idioma cantando”

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *