De Barranquilla 2132 a la tribulación del hoy

Leer en aislamiento

En enero de 2020, mientras esperaba a que se acercara la hora de mi vuelo de Pereira a Bogotá, compré Barranquilla 2132, un libro que estaba persiguiendo desde hacía unas semanas por la singularidad que representa su existencia dentro de los anaqueles de la literatura colombiana: una obra de ciencia ficción que se desarrolla en el año 2132; escrita en 1932 por José Antonio Osorio Lizarazo, un bogotano que vivió bajo la luz de los primeros años del siglo XX.

El relato nos presenta a Juan Francisco Rogers, un doctor barranquillero que en 1938 logra suspender sus funciones vitales para emprender una expedición hacia el futuro en búsqueda de los adelantos que, en una civilización posterior a la suya, podrían maravillar a un hombre de ciencia. A 200 años de haber iniciado con su experimento, el doctor despierta de su hibernación profunda tras ser descubierto accidentalmente en medio de las investigaciones por una serie de misteriosas explosiones que perturbaban la tranquilidad de las principales ciudades del mundo, sí, incluida Barranquilla. Y es que aunque actualmente la idea suene extravagante, vale anotar que la ciudad en la que vivió Osorio Lizarazo, era realmente la Puerta de Oro de Colombia.

Desde el desarrollo de la industria de la aviación a partir de 1919, pasando por su consolidación como el primer puerto marítimo y fluvial del país, hasta el regocijo de sus ciudadanos en 1929 por ser la primera ciudad colombiana con semáforos, Barranquilla atrajo en las primeras décadas del siglo XX a muchas empresas comerciales, financieras e industriales, afianzando así su imagen de una ciudad próspera.

Libro Barranquilla 2132

Tras despertar en el siglo XXII, la historia avanza en la voz del doctor Rogers y sus anfitriones; J.Gu y M.Ba, dos periodistas que estaban tras la pista de las explosiones y el doctor H.Var, un famoso científico. Es precisamente de la mano de estos tres hombres que el protagonista de Barranquilla 2132 va descubriendo algunos de los principales avances tecnológicos y científicos desarrollados hasta el momento, pasando por datos de interés histórico como la denominada crisis del 2000 que sobrevino de la lucha entre el hombre y las máquinas, un periodo que en el libro se describe como el final definitivo de una civilización.

Alrededor del año 2000 imperó sobre el mundo la más tremenda de las miserias. Los hombres no encontraban trabajo. Se habían multiplicado prodigiosamente y la población de la tierra era casi de diez mil millones. (…) Por ínfimo que fuera, todos los productos tenían un precio y no era posible obtener ninguna suma de dinero. Los pueblos se negaron a pagar impuestos, los gobiernos no pudieron sostenerse (…) Por todas las regiones del planeta existía la desolación (…) Los cadáveres insepultos produjeron las más terribles epidemias y la tierra amenazó con quedarse despoblada. Parecía haberse apoderado el mundo de una locura formidable. Fue la bancarrota de una civilización.

A casi la mitad del camino entre la época vivida por Osorio Lizarazo y la historia futurista que imaginó, el año 2020 se revela como un episodio similar al descrito por el autor, aunque con 20 años de diferencia y una causa distinta, comparte con un desconcertante acierto la desazón que hoy inunda a la humanidad en plena crisis por un mal que parecía superado, las pandemias.

Para quienes somos testigos del singular momento que vive la humanidad por cuenta del Covid-19, la ficción creada por Osorio Lizarazo se hace abrumadoramente realista en más de un sentido. De soledades y aislamientos, hoy hablamos todos, como quien se despierta tras un centenario sueño, nos enfrentamos a un mundo desconocido donde debemos redescubrir los espacios que ya creíamos conquistados.

El distanciamiento social, evitar estrecharnos las manos o saludar de beso son todas nuevas costumbres que están surgiendo en nuestros tiempos como una medida para evitar la propagación del virus. Al llegar al año 2132 el doctor Rogers se enfrentó a similares normas de comportamiento que hacían la diferencia entre el hombre educado y el que no:

El hecho les pareció más grotesco aún. Rogers les sacudió vigorosamente la mano y, sin la menor precaución higiénica, efectuó el contacto con los dos amigos. (…)
Si usted me permite hablar con libertad y sin pretensiones de censurar respetables costumbres de siglos pasados, creo que ustedes comían en público…
—Así es. Comíamos en todas partes.
— Y además, celebraban todos los acontecimientos comiendo. Había algo llamado banquetes…
— Es verdad. Con un banquete se manifestaba el regocijo por un suceso afortunado, se saludaba a una persona distinguida, se…
— Sí. Pero ahora no se puede comer en público.

¿Será entonces que en el año 2132 se nos describirá con tal frialdad y desprecio?, porque al igual que en la historia imaginada por Osorio Lizarazo, quienes hoy habitamos la tierra somos de un siglo extinto; una civilización que llegó a su punto de quiebre para reinventarse. Seremos entonces vistos como arcaicos seres con costumbres que desafían el sentido común de una época futura … Habrá que esperar 112 años más para confrontar este supuesto.

Lo cierto es que hoy nuestro mundo tambalea, el desasosiego se expande en nuestra sociedad sin distinción de raza, edad, sexo, estrato, geografía o credo; hoy la seguridad flaquea incluso para quienes creen que dominan el planeta. Y es que como lo expone Barranquilla 2132, ninguna proyección podrá señalar con exactitud la trayectoria de la humanidad.

—De ese bautismo de sangre—continuó J.Gu—salió el mundo rejuvenecido. La población había mermado en varios miles de millones, nuevas costumbres, nuevas teorías comenzaron a esbozarse sobre las ruinas de las anteriores, un nuevo sentido, más humano (…) Ya no eran las antiguas naciones encerradas en fronteras invulnerables, que los fabricantes de mapas señalaban con diversos colores para el perfecto aislamiento.

Como vemos, el autor también entrega un haz de esperanza en sus letras. Tal vez sea por la proximidad de los hechos que marcaron la Primera Guerra Mundial, que Osorio Lizarazo plantea la resiliencia como el único camino para salir adelante ante la adversidad.

Si bien, este no es un conflicto bélico, la pandemia que enfrentamos guarda cierta similitud con estos hechos de barbarie que amenazaron la existencia del ser humano en la tierra. Sin reparar en señalamientos de responsabilidad, hoy la tarea de cada uno de nosotros es comprometernos con nuestra sociedad para salir fortalecidos de la crisis.

Como han de sospechar, no se trata de grandes hechos heroicos. En este campo de batalla nuestra herramienta ha de ser la capacidad de adaptación a un nuevo estilo de vida que nos habla del autocuidado para protegernos y proteger al otro. Pero también debemos incluir en este kit de supervivencia la solidaridad para apoyar a quienes sin duda lo perderán todo.

Esta es hoy la lectura que una persona de 2020 hace de Barranquilla 2132. Partiendo de la abrumadora soledad de encontrarse en un mundo con nuevas normas, que dista tanto del que ya se conocía y al que no es posible regresar, hasta la profusa promesa de un renacer que parte de lo que cada uno pueda aportar.

En un texto tan ambicioso, con 200 años de posibles conjeturas y similitudes, es posible navegar por diversas corrientes de análisis. Desde las acertadas predicciones que el autor imprimió a sus páginas gracias a la gran admiración que sentía por los hombres de ciencia de su época, descubrimos con cierta fascinación detalladas descripciones de avances que hoy hacen parte de nuestra cotidianidad como el desarrollo de los autos que suprimieron el uso de la gasolina, la invención del wifi o los trasplantes de órganos.

Pero Osorio Lizarazo fue un paso más allá, para dejar flotando entre líneas debates que para su tiempo ( y aún hoy) eran difíciles de procesar. Desde el preludio de lo que fue el siglo XX para el desarrollo de los derechos humanos, logró imaginar un futuro donde la total igualdad de género es alcanzada, haciendo descender a la mujer del meloso pedestal que ocupaba como un objeto decorativo del hogar para convertirse en un sujeto que comparte las mismas inquietudes, aspiraciones y trabajos del hombre.

Como vemos, Barranquilla 2132 es un libro que se abre al lector en más de un sentido, el expuesto en esta reseña es solamente el resultado de mi reencuentro afortunado con los libros de mi biblioteca en tiempos de aislamiento preventivo.

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2 comentarios en “De Barranquilla 2132 a la tribulación del hoy”

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