Señor pasajero

Señor pasajero: no se pregunte.

Acostumbrados estábamos a que cosas raras pasaran de vez en cuando. Raras al nivel de que nadie se sorprendía ya cuando comenzaba a llover pequeños copos grises o negros entapetando las calles de una tristeza que se metía por la nariz y hacía estornudar a cada rato.